Diarios de las estrellas. Stanislaw Lem

12081619_1676315239258455_785975883_n

7.X.

Llegué a la estación de entrada de Enteropia a las once y media. El cohete se me ha calentado mucho al frenar. Lo arranqué en la cubierta superior de la luna artificial  (puerto de arribo)  y entré dentro para cumplir con las formalidades. Enorme tráfico en el corredor espiral; los viajeros de las regiones más lejanas de la galaxia iban, ondulaban y saltaban de una ventanilla a otra. Me puse en una cola, detrás de una algolano azul claro que me advirtió, con un gesto amable, de que no me acercara demasiado  a su órgano eléctrico posterior. Detrás de mi, se colocó inmediatamente un joven saturniano con un revestimiento beis; llevaba las maletas con tres tentáculos y se secaba el sudor con el cuarto. En efecto hacía muchísimo calor. Cuando me tocó el turno, el empleado, un ardrita transparente como cristal de roca, me miró con atención, enverdeció (los ardritas expresan sus sentimientos cambiando de color; el verde es equivalente a una sonrisa) y preguntó:

  • ¿Un vertebrado?

  • Sí, Señor.

  • ¿Birrespiratorio?

  • No, Aire sólo…

  • De acuerdo, gracias. ¿alimentación mixta?

  • Sí.

  • ¿De qué planeta, si se puede saber?

  • De la tierra.

  • Ah, pase entonces a la ventanilla siguiente.

Puedes adquirir este y otros libros del autor Aquí

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s